In memorian: “Chero”, Pedro Enrique Sáez Bahón, la doble militancia Villalbilla-Torres / Por Antonio Campuzano

In memorian: “Chero”, Pedro Enrique Sáez Bahón, la doble militancia Villalbilla-Torres  /  Por Antonio Campuzano

In memorian

De aquella alineación nada difícil de recordar en el fútbol de Torres (Quico -o Juan Antonio Doñoro-; Flores, Carlos Zurita, Montes, Pablo Zurita -o Jayo-; Cecilio, Chero, Mariano Prieto; Miguel Casanova, Recio y Aitor)  de 1977, todos vestidos de blanco, se ha caído fatídicamente uno de los más jóvenes. Esta anomalía en los tiempos del reloj biológico ha llenado de pena a Villalbilla y a Torres de la Alameda. La bola negra del destino se ha detenido en la casilla de Chero, en la pila bautismal Pedro Enrique Sáez Bahón.

Su proyección deportiva desde muy joven viró hacia la dirección de su Villalbilla natal a Torres, donde apareció en el campo de la carretera de Pozuelo, antes de su geometría actual, cuando el terreno de juego era apaisado y Jesús Urruti cortaba las entradas a mano, fuera tornos o lectores QR que ahora modernizan los presentes, y Antonio Remache acudía de aquí para allá con los balones en su malla unificadora. Llegó Chero y…. mandó a parar. Una tarde de invierno sonó el pitido inicial en aquel terreno ahora cambiado de perspectiva y la concurrencia se dio cuenta que aquella charca invadida por una lluvia torrencial previa era incompatible con la práctica del fútbol. En medio de las dudas sobre la continuidad de los noventa minutos, una fe emergida sobre todos los demás valores asombró a la afición allí reunida y levantó una y otra vez el balón obligado a desplazarse contra los elementos sobrenaturales. El dueño de aquella fe fue el ahora desaparecido Chero y allí, en aquel partido elegido para la epopeya, la gloria y el recuerdo, divididos en tres partes iguales, nació la fusión nuclearmente emocional de Chero con Torres, hasta ese momento considerado “forastero” pero que en ese instante ya pasó a engrosar militancia de “carne de mi carne”.

Dividió su tiempo y sus asuntos mitad por mitad con ambos pueblos, en los que representó el mejor ejemplo de doble “nacionalidad”, como aquellos ejemplos de más amplitud geográfica como Alfredo Di Stéfano, Ladislao Kubala o si acaso Antonio Machín. Natal en ambos, extranjero en los dos. Pero el Boletín Oficial del Estado ayudó a esa inclinación hacia esa pertenencia doble de corazón y dedicación laboral, porque la literatura legal eligió su nombre para publicar un decreto del Ayuntamiento de Torres, de fecha 23 de junio de 1992, donde consagraba su nombramiento como policía local por decreto de su entonces alcalde Antonio Rodríguez del Barrio. Desde entonces el uniforme que consagra la dedicación al mantenimiento del orden tuvo que convivir con la atención a la familia como eje vertebral de su forma de vida y en varios ratos libres, con una tercera dimensión, el universo madridista, el del Real Madrid, que ejercía, primero como aficionado y luego con el reto adicional de la peña del equipo blanco en Villalbilla, cuyo autobús de parada en Concha Espina dibujaba círculos y piruetas entre barriadas, aceras, cruces y rotondas, para satisfacer los deseos de aquellos que querían ver a Zidane, a Beckham, a Cristiano Ronaldo. A partir de ahora los periódicos del Bar Ropero y el Bar Granada no tendrán recortes donde nacían las posibilidades de entrar en un sorteo de una camiseta o una entrada para la final de no se qué final del club del Bernabéu.

Los veranos de Villalbilla quedarán huérfanos de las caminatas de Chero, últimamente con el cayado en mano, como un profeta de la tierra prometida, en su afán por mantener virginal a los pueblos, que la tradición es mejor que la modernidad, que así proclamaba. El novelista Paul Auster lo dice en “Diario de invierno”, “así es como te ves a sí mismo siempre que te paras a pensar quién eres: un hombre que camina, un hombre que se ha pasado la vida andando por las calles de la ciudad”.

El mal del siglo sobre el que apenas se avanza para su extinción ha cortado los pasos de Chero por la ciudad. Villalbilla y Torres se encuentran en el primer tiempo del saludo a la tristeza.

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