En el ecuador avanzado de la competición la Real Sociedad Deportiva Alcalá ha tenido una ocurrencia cocinada con la levadura del orden en el juego y la estrategia, lo que ha dado como resultado la segunda victoria consecutiva, que no se daba desde aquellos momentos de la pasada temporada en que anidó en el hipotálamo rojillo la idea de la esperanza y del ascenso, que dieron en la conversión en realidad.
El equipo local jugó a las seis de la tarde un sábado, es decir, como en las competiciones de superior nivel cuyo madrugón de sus formaciones tarda en la tarea de la adaptación. Verde británico, del ground, para el disfrute del fútbol y del color de intensidad primaveral. Los aspersores mejoraban si cabe el aspecto porque la mañana había instalado la preocupación con su granizada intemporal. Esperaba el verde pectoral del Ilicitano, filial del Elche, de igual indumentaria, pero esas fobias de segundas, terceras y cuartas equipaciones privaron a la concurrencia de la franja verde, aquella que destapa los recuerdos de los veteranos que hacían aquel ejercicio mnemotécnico que te llevaba a recitar de corrido pazos-ballester-iborra-canós-lico-llompart para terminar en el palmeral de Elche con parada obligatoria en aquel menudo y cabezón delantero centro, Vavá, a quien el Pichichi le llegó con todo merecimiento. Pues no pudo ser, porque el lIicitano salió de negro con jaspeados de publicidad por cuerpo, extremidades y articulaciones.
Vivar Dorado, con ese displicente tono que adquiere desde el primer momento, apenas hace aspavientos, pero resultó fácil reconocer al equipo agarrado a las cualidades del orden y el concierto. El centro de la defensa, con Javi Jiménez y Chete; la creación en pies de Aitor González, en ausencia de Sergio Marcos, contribuyó a la disciplina porque la calidad del Marcos no admite competencia; arriba, sin Javi Hernández, en el confort del banquillo, habitaba Koné, ejemplo de incansable laboriosidad y dotación de peligro en el área rival. Todos estos mimbres fueron agitados por Borja Sánchez, el 21, aquel número de Michel, en el mundial de Italia 90, cuando levantó el dedo después de marcar tres goles a Corea del Sur. Pues bien, el 21 local no movió dedo alguno pero sí todo lo demás, en el minuto 22, con distribución desde Nieto a Edu Viaña, de lateral a lateral, con atención especial a Koné. Otro gol para el futbolista de Costa de Marfil, que corre y marca por ese orden, actividades rigurosas en jugador tan callado, tan duro por otra parte, dúctil para la acción y el sacrificio, la mejor noticia de la segunda mitad de la temporada.
El gol se canta con invitación tras el Lacine natal que suelta el dueño de la megafonía, pero, ay, la grada todavía no dice …Koné, como respuesta, ocupada en sus cosas y sus euforias después del gol. “Toda realidad tiene un carácter mortalmente serio”, dijo Thomas Mann, y Koné no lo dice, pero seguro que lo piensa. Pelear 90 minutos sin enseñar los dientes, así se expresa. Los ilicitanos casi nunca ofrecieron sensación de disputar el partido con la misma seriedad que el natural de Costa de Marfil. Su entrenador, Carlos Cuéllar, pareciera que todavía estuviera dispuesto a defender su área, como cuando lo hizo con mucho más que oficio, también calidad, en su espectro de jugador de equipos de primer nivel: Osasuna, Glasgow Rangers, Aston Villa, Sunderland, equipos israelitas, una carta de presentación envidiable con tendencia a muy envidiable. Cuéllar dejó notar su presencia en una bronca áspera al portero Owen, voluntarioso y muy alto guardameta del levante español, y de origen nigeriano, que sacó en largo desde su área y provocó un enorme disgusto en Cuéllar, que señalaba como un poseso las dos líneas de pase a los laterales. El público disfrutaba y perdonaba al delantero visitante: “cómo setaído!!!!
Dos victorias consecutivas, el Alcalá a punto de marcar tendencia.



























