Fútbol. La fraternidad en el banquillo de los Hermanos De las Cuevas (RSD Alcalá 0 – Orihuela 1)

Fútbol. La fraternidad en el banquillo de los Hermanos De las Cuevas (RSD Alcalá 0 – Orihuela 1)

La alianza del pasado con el presente se inmortalizó en el Municipal del Val y cristalizó de nuevo como tragedia.

La máxima marxista de lo ocurrido históricamente primero como tragedia para la culminación minimizada como farsa es solo un pensamiento, porque hay que echar marcha atrás a las manecillas del tiempo para parar en la fecha 18 de junio de 2005, partido de ida de la eliminatoria de ascenso a segunda división del fútbol español. Alcalá con Hércules de Alicante, en el estadio del primero. Jugada de Miguel de las Cuevas y resolución de Kike Ratón, el inicio de un resultado adverso que mutilaría la esperanza del Alcalá. Después de aquel primer partido se hizo el belicismo y la propiedad vandálica como dueños de la situación. El Hércules lanzó una “opa” a la taquilla del equipo complutense y la gente visitante gritaba que “bote el Rico Pérez”. La vuelta, jugada en fiestas de Hogueras, confirmó la candidatura del Hércules a segunda, por cierto con Eduardo Zaplana y Francisco Camps, en el palco, cada uno con sus trajes y sus esfuerzos financieros.

Pues bien, aquel Miguel de las Cuevas tenía 19 años, entró y salió de muchos equipos, los más rutilantes el Sporting de Gijón y el Osasuna. Hoy ocupaba el banquillo del Orihuela en inquebrantable fraternidad con Carlos de las Cuevas, a quien puede llamar “bro”, tal y como está de moda, con todas las de la ley. Hermanos de leche, embutidos ambos en el chándal negro del equipo alicantino. El fútbol tiene esa calidad de superación sentimental de aquel designio del destino que acabó con la mejor época de la Real Sociedad Deportiva, hace ya veintiún años. O reconciliación o directamente olvido, quizá ignorancia, pero nadie reprochó a De las Cuevas aquella legítima “ignominia” en defensa propia, naturalmente.

Dos equipos compactos en todas las líneas, paseantes de la mitad de la tabla, con apenas pisada de área, solo podían abrir el marcador mediante un hecho prodigioso, como lo fue el bote pronto de Sánchez, al inicio de la segunda parte. “Conduce, conduce”, pedía imperativamente Vivar Dorado, al cuarto hora del pitido inicial, a Chete, en la profundidad de su defensa, pero era mucho y largo lo que había hasta llegar al área contraria. El estajanovista Samu no dispuso de ocasiones para demostrar su poderío pulmonar, cualidad que lo ha traído de Cuenca para su exhibición. Y se notó. El manejo exquisito de Sergio Marcos, de líbero prácticamente en la creación, y de Izan, en la línea de tres cuartos, requería de la colaboración entusiasta de la fortuna. Y eso solo sucedió en el minuto 93, cuando Chete, con la desesperación del defensa central en espacios de área pequeña rival, lanzó su agónico disparo a las manos del portero Buigues. El dueño de la memoria histórica, Miguel de las Cuevas, salió de su concha y madriguera del banquillo para levantar su pulgar todo lo alto e intenso que podía para señalar al guardameta, mesías salvador del partido en el descuento. El amarillo visitante pudo, con mucha trabazón y un bucle de tarjetas, con el rojillo local. Un histórico más se sumaba a la fiesta: el número 10, Roberto Torres, lanzador de todos los tiros libres, en recuerdo de sus diez temporadas en otra formación rojilla, el Osasuna, en primera división. Estilista jugador que dignifica la competición, comprometido hasta la gestión con la ayuda del buen y del mal carácter.

A tres meses del final de la liga, a partir de ahora todos los partidos tienen el aspecto de final, donde los errores y los aciertos, más que nunca, tienen un precio más alto de lo habitual. Fraternidad en el banquillo del Orihuela, como sucedía en el del Celta, cuando los hermanos García Junyent, Óscar y Roger. Los hermanos Inzaghi, los italianos, iban por libre. La afición de aquí tronaba contra los modos del Orihuela, encerrado atrás al final del partido. Tiraban de enjundia dialéctica relacionado con la localidad contigua, muy conocida del estío alcalaíno: “Habéis metido el autobús en el área, aparcáis como os da la gana……como en Torrevieja”.

El verano, las vacaciones y sus cosas.

Antonio Campuzano

 

 

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