En el banquillo visitante, el más cercano a la dirección a Guadalajara, se encontraba alguien que bien podría pasar por natural de Aberdeen, en la Escocia del whisky de malta. Pues no, señor. Se hallaba Joselu Sánchez Méndez, alcarreño de la misma condición del bizcocho borracho y con muchas horas de navegación rojilla, capitán y entrenador del equipo complutense, estandarte de aquellos valores expandidos por las Brigadas, en su posición que mira al Este. Hizo así con la mano a modo de saludo al sector de afición ruidosa como un “hola, qué tal”, que no confundiese al equipo que encabeza su nómina, parte superior derecha del documento.
Partido de segunda federación con el Real Madrid, versión C, en el laboratorio de ideas y de equipos que maneja un carguero de fútbol y euros, en estrictas combinaciones de lo uno y de lo otro. Igualdad entre las formaciones, la libertad la regulaba el árbitro y la fraternidad asomó en muy pequeñas “diócesis”, desde que mediada la primera parte Javi Hernández chocó con el central madridista Sotres para la amonestación del primero con el versallesco ceremonial que se acostumbra: el colegiado mira con compasión la recuperación del delantero del Alcalá y ya en la vertical de la sanación le muestra la cartulina. La felicidad en competencia con el castigo.
El Joselu que formó parte del paisaje de una generación ordenaba presión alta en el campo de la Real Sociedad Deportiva, para lo cual resultaba imprescindible que el portero Álvaro González sacase en versión patadón con el balón siempre en el área local, en la medida de lo posible, expresión cauta y de abierto cálculo. Pero en el minuto 62, el meta Pantoja, del Alcalçla, hizo lo propio, sacar en largo, y entre Javi Hernández y Borja Sánchez, madrugaron la madrugada del equipo azul, equipación segunda del blanco nuclear del Madrid de toda la vida. Lo que tenía aspecto de cero a cero, con más control de los de Concha Espina, quedó en ese parco resultado al que los complutenses quieren y desean con cariño.
Episodios de bronquedad los hubo en varios momentos, incluidos los finales del encuentro, con el sol ocupando el terreno de juego de una mañana fría y húmeda, como solo el Henares sabe proporcionar. Joselu, sabio intérprete de las amenazas con proyección de violencia, gresca y agarrones, ya en el descanso, acumuló a sus jugadores para dejar pasar unos minutos después de los cuales señaló los vestuarios de su plantel. Saber y ganar.
Notorios huéspedes para la mañana: Santiago Sánchez “Pambu”, una vida entre Alcalá, Valdeavero y Teherán, hizo el saque de honor, al final del cual cargó con Borja Sánchez con convicción y también con fuerza, que el centrocampista tiene su peso específico. Detrás del banquillo del Real Madrid, jugaba al escondite sin éxito alguno Míchel, el entrenador del Girona, en Primera División y que hace veinte años se medía en este estadio al Alcalá. Más a o menos por aquel entonces, Joselu Sánchez ejerció su autoridad frente a Joselu Mato, del Real Madrid , versión B, a base de empujones en el centro del campo. Gran duelo, venció a los puntos el de la Alcarria con parecido a Aberdeen frente al gallego nacido en Sttutgart, ido y venido al Bernabéu, ahora en Qatar.
El siguiente partido al año que viene.
Por Antonio Campuzano.






























