Mijail Koltsov e Iliá Ehrenburg, corresponsales en España / Por Vicente Alberto Serrano

Mijail Koltsov e Iliá Ehrenburg, corresponsales en España   /  Por Vicente Alberto Serrano

Iluminaciones en la sombra

Podríamos enumerar infinidad de testimonios escritos de algunos autores extranjeros que a lo largo de los últimos siglos recorrieron este país. Y es que para ellos se trataba de un territorio que siempre consideraron enigmático, exótico y sugerente. En el diecinueve el arrebato romántico encontró una suculenta materia prima allende los Pirineos. Tal vez el ejemplo más conocido de aquella época lo encontraríamos en la obra autobiográfica y un tanto novelesca que el escritor británico George Borrow (conocido entre nosotros como don Jorgito el inglés) tituló The Bible in Spain y que Azaña tradujo fielmente como La Biblia en España (Alianza Ed.). Sus páginas narran las aventuras y andanzas del propio autor intentando repartir ejemplares del Nuevo Testamento en un país azotado por la Primera Guerra Carlista. Tampoco habría que olvidar a Richard Ford y su Manual para viajeros por España y lectores en casa (Ed. Turner) una especie de guía para desentrañar los misterios y costumbres de todas y cada una de nuestras regiones. Se publicó en Inglaterra, más o menos por el mismo tiempo.

Convulsionado siglo XX

La primera mitad del pasado siglo, siempre alardeó de una sensible civilización, sin embargo se vio envuelta en dos apocalípticas guerras mundiales. En el intermedio, este país también supo aportar un episodio sangriento e incoherente hacia el que se dirigieron de nuevo muchas miradas ante el temor del posible dominio de un fascismo omnipresente. Y entonces de nuevo se produjeron testimonios escritos de innumerables autores extranjeros, pero en esta ocasión no trataron de elaborar un relato de literatura exótica sino más bien perfilar, en distintos medios de comunicación internacionales, y desde controvertidos planteamientos políticos, la crónicas escalofriantes de un golpe de estado perpetrado por los militares con el beneplácito de la iglesia. Tal vez el eco más completo y clarificador lo encontramos en Intellettuali e la guerra di Spagna editado en 1959 por Aldo Garosci, profesor de la Universidad de Roma, traducido como Los intelectuales y la guerra de España, publicado en 1981 por la editorial Júcar. Garosci analiza en profundidad las opiniones de Mijail Koltsov, André Malraux, Ernest Hemingway, Arthur Koestler, George Orwell, Georges Bernanos o Simone Weil, testigos directos de aquel espeluznante conflicto. Por supuesto que fueron muchos más los corresponsales extranjeros que enviaron explícitas crónicas a sus agencias para tratar de hacer entender a los lectores las causas de la guerra civil española. José Mario Armero en España fue noticia (Ed. Sedmay) preparó una especie de antología con buena parte de esa obra periodística dispersa afirmando que no pretendía, ni mucho menos, agotar el tema.

Mijail Koltsov (1898-1940) Iliá Ehrenburg (1891-1967).

Una sombra peligrosamente alargada

Recuerdo que durante los inocentes años de nuestra infancia y adolescencia, bajo la dictadura franquista, trataron de amamantarnos con una versión tergiversada y partidista de supuestos hechos heroicos de la piadosa derecha, frente a la crueldad desmedida de los rojos, en aquella contienda sinsentido. Después cuando creímos que habíamos madurado y empezamos a ejercer nuestro pensamiento en libertad, intentamos desentrañar –a través de los más diversos textos– los hechos, supuestamente verdaderos, de un conflicto que afortunadamente no alcanzamos a sufrir. Ante la misteriosa desaparición de Andreu Nin y José Robles casi lo único que pudimos sacar en conclusión fue que por aquellos días la sombra de Stalin resultaba peligrosamente alargada. Tal vez es por eso que ahora –con morbosa curiosidad– he recurrido a los textos concretos de dos autores soviéticos: Mijail Koltsov e Iliá Ehrenburg.

Fusilado por Stalin

Mijail Koltsov viajó a España por primera vez en la primavera del 31 para desde aquí tratar de contar a los lectores del periódico Pravda el giro que comenzaba a experimentar este país ante la proclamación de la Segunda República. Aquellos artículos se publicaron a lo largo de 1933 en las páginas del importante diario ruso. Posteriormente se recopilaron en nuestro idioma con el título de La primavera española (Ed. Miraguano). En agosto de 1936 Pravda volvió a enviarlo a España para que cubriera con sus crónicas el desarrollo del Alzamiento, artículos que se fueron publicando en el mismo medio hasta el 6 de noviembre de 1937. Aquí en todo momento se le consideró como el siniestro hombre de Stalin, porque parece ser que al tiempo que ejercía como periodista, trabajaba para la NKVD (Policía secreta de la Unión Soviética utilizada por Stalin como terrible y obsesiva maquinaria de represión). Hemingway lo presentó, con el nombre cambiado de Karkov, en su novela Por quién doblan las campanas (Ed. Planeta) y Gibson le acusa como responsable de los fusilamientos en Paracuellos: como fue (Ed. Argos-Vergara). Koltsov nació en Kiev (Ucrania) el 31 de mayo de 1898 y murió en Moscú, fusilado por orden de Stalin, el 2 de febrero de 1940, tras las denuncias presentadas por André Marty (de las Brigadas Internacionales) que le llegó a acusar de antisovietismo. Fue víctima por tanto de “La gran purga”.  Su figura y su memoria no se rehabilitó hasta 1953, tras la muerte del dictador. Aquellas crónicas están reunidas en Diario de la guerra española (Ed. Akal) un volumen que debemos diseccionar con cierta prevención, pero que contienen pasajes de gran valor documental como las páginas dedicadas a la batalla de Guadalajara, por ejemplo.

Cubiertas de dos testimonios controvertidos sobre la guerra civil.

Sobreviviente del estalinismo

Iliá Ehrenburg también nació en Kiev (Ucrania) el 26 de enero de 1891 y murió en Moscú el 31 de agosto de 1967 a causa de un infarto. Sin lugar a dudas fue un sobreviviente de la gran purga y, por tanto, testigo en buena parte de los tumultuosos acontecimientos del pasado siglo. Evitó ser fusilado porque se negó, en su momento, regresar a Moscú, a pesar de la insistencia del dictador. En 1931, desde España, escribe una serie de artículos en los que trata de explicar a los lectores del periódico Izvestia el fenómeno de la proclamación de la Segunda República. En el prólogo a la edición española publicada por la editorial Cenit en 1932, aclara que se trata de un libro escrito por un ruso para rusos, pero subraya líneas más abajo: «Siempre tuve, desde mi niñez, el deseo de pisar tierra de España.» En España, república de trabajadores (Ed. Crítica) Ehrenburg analiza, con cierto escepticismo, la nueva realidad republicana. Después, cuando estalla el golpe militar, de nuevo se convierte en corresponsal de Izvestia. Durante toda la guerra envía periódicamente sus artículos, convirtiéndose en incisivo cronista que trata de retratar a un pueblo en defensa de su vida y su libertad. Todos aquellos escritos fueron recopilados por la editorial Júcar en 1979 con el título de Corresponsal en la Guerra Civil española. Fue una época convulsa en la que colaboró sin reservas con el régimen soviético, guardando siempre un gran respeto ¿o temor? hacia el sanguinario dictador de su país. Hace poco más de una década, en 2014, la editorial Acantilado publicó Gentes, años, vida. A lo largo de más de dos mil páginas se recogen íntegras las Memorias (1891-1967) de Ehrenburg. Tanto la editorial Mateu como Planeta publicaron en su tiempo una generosa selección de los textos de aquellas Memorias, no conocidas en su totalidad en nuestro idioma hasta que han sido publicadas por Acantilado. Memorias que por supuesto siempre fueron incómodas para el régimen soviético. Hasta 1990 tampoco se pudieron publicar allí completas y sin censura. Un volumen colosal en todos los sentidos; por sus páginas aparecen las personalidades más fascinantes del siglo XX, a la vez que ofrece una visión crítica y personal del comunismo, el exilio, las guerras y la cultura.

Iliá Ehrenburg según los dibujos de Henri Matisse y Pablo Picasso

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros

Con este dolorido verso de Luis Cernuda, el hispanista inglés Ronald Fraser tituló lo que supuso una historia oral de la guerra civil española (Ed. Grijalbo). En la reedición de 1997 el autor dedicaba el prólogo «Especialmente para aquellos demasiado jóvenes como para recordar.» criticando a la supuesta élite política que durante la esperanzadora Transición fomentó la perversa idea de que el país tenía que mirar hacia el futuro, no hacia el pasado. El historiador Josep Fontana –que fue un lúcido analista de nuestra historia contemporánea– se reafirmaba en las palabras del inglés, llegando a señalar que: «Este libro debería significar el fin de una etapa en los estudios sobre la guerra civil. En él descubrimos que es mucho lo que nos queda por conocer, y mucho lo que conviene no olvidar.» Apenas nada que opinar al respecto. Tan solo desear que los jóvenes conozcan a fondo casi cuarenta años de vengativa dictadura para que este siglo no derive hacia los trágicos derroteros del anterior, aunque creo que por ahora no vamos por buen camino.

 

 

 

 

 

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