La anécdota más comentada la protagonizó Gaspar, cuya carroza sufrió una avería a última hora, tras el largo viaje desde Oriente. Lejos de detenerse, el Rey recorrió todo el trayecto a pie, saludando a los niños y recogiendo las últimas cartas, un gesto que arrancó aplausos y sonrisas.
Miles de sonrisas ilusionadas volvieron a dar calor a la noche más mágica del año con la llegada de los Reyes Magos a Guadalajara. Este año, había muchas novedades. Música, color, emoción y un gran espectáculo final de bienvenida en la Plaza de Toros, con fuegos artificiales, marcaron la noche más mágica del año con cambio de hora y recorrido.
La Cabalgata comenzó puntual a las 17:30 horas en el Paseo de la Estación y recorrió la Calle Madrid, Plaza de España, Miguel Fluiters, Calle Mayor y Plaza de Santo Domingo, donde los Reyes adoraron al Niño Jesús en el Misterio Viviente instalado en San Ginés y le entregaron el oro, incienso y mirra.
La fiesta culminó a partir de las 19:30 en la Plaza de Toros, también con miles de personas y con actuaciones musicales, un gran espectáculo de fuegos artificiales y la entrega simbólica de las llaves de la ciudad por parte de la alcaldesa Ana Guarinos, acompañada por casi todo el equipo de Gobierno municipal.
La anécdota más comentada la protagonizó Gaspar, cuya carroza sufrió una avería a última hora, tras el largo viaje dese Oriente. Lejos de detenerse, el Rey recorrió todo el trayecto a pie, saludando a los niños y recogiendo las últimas cartas, un gesto que arrancó aplausos y sonrisas. Los otros dos Reyes, Melchor y Baltasar, sí fueron en sus carrozas correspondientes.
El Rey Melchor, gran conocedor de Guadalajara, emocionó con unas palabras llenas de ternura. “Seguid creyendo. Seguid siendo niños. Guadalajara es mágica porque está llena de vuestras sonrisas que iluminan más que todas las luces de Navidad”, dijo, arrancando aplausos entre los más pequeños a quienes recordaba dejar colocados sus zapatos y poner un poco de agua para los camellos en cada casa.



























