Un cero cero con formas de mazapán (Alcalá 0 – Fuenlabrada 0)

Un cero cero con formas de mazapán (Alcalá 0 – Fuenlabrada 0)

Por Antonio Campuzano.

El empacho de mazapán se hizo presente en el Municipal del Val en su manifestación deportiva con el fútbol como ingrediente principal. El exceso en la ingesta navideña afectó a las distintas fases de creación y la conclusión fue el cero cero que roza el alma de la desilusión ante la llegada del nuevo año, con todas sus esperanzas abiertas de par en par.

El Fuenlabrada, de azul Oviedo, se presentó con un bloque bajo, como se gusta decir ahora, es decir con la defensa cerca de su área a la espera de la llegada del contrario, que resulta más largo de escribir, eso es cierto. Su entrenador, Roberto Ortíz, del Fuenla de toda la vida, se regía por aspavientos, ante los a su juicio erráticos movimientos del mejor delantero azul, Pescador, calvo Dertycia para más señas. Las contorsiones del regidor del banquillo poco tenían que ver con la temperatura ambiente, despojado de jerseys y mangas largas para adoptar la posición de moda, la de Íñigo Pérez, técnico del Rayo Vallecano, que combate la humedad relativa del aire del estadio de Vallecas con una manga por encima del codo que hiela la sangre a un siberiano. Así, en el minuto veintiséis, una disputa de balón quiso que la bengala emocional entre el entrenador visitante y Borja Sánchez se incendiase pero solo un poquito. Suficiente dosis para provocar un escarceo nervioso del capitán de la Real Sociedad Deportiva, castigado con tarjeta amarilla. Borja, llamado a consulta diplomática por Vivar Dorado, su preceptor técnico, acusó la amonestación y ya no volvió a identificarse con su pasado combativo, atacado por un “terraplanismo” que se dejó notar en la formación local. Sergio Marcos, dotado para la creación desde dos metros por delante de la defensa hasta la inmediación del área rival, en el primer tiempo, tuvo tiempo para hacer un pase con el tobillo doblado que ordenó al balón trayectoria imantada de malabarismo sobre su propio eje esférico que marcó la calidad del césped. Aquella preciosidad valió por sí sola la asistencia al encuentro.

El festival de cambios en el segundo tiempo tampoco produjo consecuencias en el marcador, que se mantenía inalterable en el centro del campo en dirección al Ecce Homo pidiendo a gritos una renovación, que son ya muchos los años que se fundió en el paisaje y el medio ambiente del estadio municipal. La modernización del estadio corre a cargo del relieve perimetral de decenas de anunciantes de los diferentes sectores económicos del Producto Interior Bruto del país, o sea el PIB. Manda KIA, el patrocinador predominante con la inclusión de dos automóviles monovolumen cerca de cada una de las porterías, dotados al parecer de un repelente especial pues nadie recuerda de estrellarse un balón en cada una de sus carrocerías. El “sponsor” del Fuenla, con logo más abundante en tipografía, habla de Deliave Avimosa, rubricado como calidad en “pollo y aves cuidados desde cero”, lo que hace del fútbol un ejercicio de transversalidad al poner de acuerdo para la convivencia el cuidado de las aves con su amplificación a través del balompié. Mérito, hay que reconocer las cosas. En el córner de costumbre, habitaban veinte incondicionales del equipo de Fuenlabrada, que exhibían el año de su nacimiento, 1975, nada que competir con el alumbramiento del Alcalá, en 1924.

El Fuenlabrada, cincuenta años ya en coincidencia con el aniversario de la memoria democrática, dejó atrás los años de la competición de la Liga Madrid-Toledo, donde al sortear los terrenos de juego, su capitán obsequiaba a su igual de Torres de la Alameda con sendas bolsas de rosquillas, la especialidad del lugar. Ahora son otros tiempos.

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