Josep Pla en el Pombo / Por Vicente Alberto Serrano

Josep Pla en el Pombo  /  Por Vicente Alberto Serrano

Iluminaciones en la sombra

A la memoria de Rosa Regàs en Llofriú

Cerca de Palafrugell, a comienzos de siglo, en las noches de invierno después de cenar. En torno al fuego el padre de los Pla, antes de salir a echar el pienso a la yegua, les solía contar a sus hijos historias de aquel Madrid que vivio y disfrutó cuando estuvo estudiando en la Escuela de Agricultura de la Moncloa. Relatos casi siempre envueltos en la capa madrileña –a modo de entrañable y cálido icono– ya que, al parecer, resultaba prenda imprescindible en aquel tiempo para tratar de combatir el frío salvaje y traicionero que arrastraba el aire del Guadarrama. Atuendo que daba a quien lo vestía unos aires de personaje de sainete pintoresco. Antoni Pla i Vilá se mostraba orgulloso de haber desentrañado, por sí mismo, lo que se ocultaba bajo el paño recio de aquellas capas, los secretos que guardaba el rojo tornasolado de su terciopelo interior. Un dato que consideraba como lúcido hallazgo; a pesar de confesar desconocer el casticismo de Muñoz Seca o Arniches, incluso de no haber asistido nunca a una representación de La verbena de la Paloma. Tal vez por eso, cuando su hijo Josep regresó de París, donde había ejercido como corresponsal de La Publicitat, imbuido por los relatos de su padre, decidió plantarse en la capital madrileña para tratar de descubrir y describir por sí mismo la esencia de sus calles, plazas, cafés y sociedades ilustradas: «…como un contribuyente precario –afirmaba– crepuscular y prescindible. Y, ahora que han pasado tantos años, todo esto me parece mentira y yo soy el primer sorprendido de haber escrito este libro».

Cubiertas de los dos libros que Pla dedicó a Madrid.

Madrid, de 1921 a 1931

Se refiere a Madrid 1921. Un dietario (Alianza Ed.), personalísimo, agudo e irónico recorrido por calles, monumentos y gentes, pero también por los alrededores (Salamanca, Soria, Ávila, Aranjuez, El Escorial, Toledo, Segovia, Sigüenza…). Un imprescindible friso analítico de lugares y personajes que se completaría más tarde con Madrid. El advenimiento de la República (Alianza Ed.), textos matritenses que arrancan a las siete de la mañana del 14 de abril de 1931, cuando el autor se despierta zarandeado por los movimientos del coche-cama que le conduce desde la Barcelona monárquica que abandonó la noche anterior, al Madrid republicano que se encontrará con el nuevo día. Desde el 22 de abril, hasta pocos meses antes de la insurrección franquista, Josep Pla cubrirá como cronista la ajetreada vida parlamentaria. En estos dos libros narra buena parte de la etapa madrileña, hasta mayo de 1932. En ellos va anotando, con su característica precisión y agudeza, las vivencias cotidianas, sus encuentros y desencuentros con los protagonistas, políticos e intelectuales, de este tiempo renovador e inquietante. Más tarde de todos es sobradamente conocido su progresivo escepticismo, desencanto y crítica feroz a la República, adobado con sus controvertidas actuaciones como espía durante la guerra, a favor de los militares sublevados, desde el puerto de Marsella, con el respaldo de don Juan March en la sombra. Pretende ser rotundo cuando afirma: «De Madrid apenas me interesa nada. En Madrid no tengo nada que hacer. Nada». Sin embargo esa ironía constante, cargada de prejuicios comparativos, con cierto pretendido y forzado distanciamiento, se ve traicionada por la innegable maestría de su estilo. Sobre todo al descubrir y escribir sobre aquellos lugares entrañables que cree no han llegado a valorar aún los madrileños. Prueba de ello son las minuciosas descripciones del Museo del Prado, de algunos edificios, de las arterias principales, el clima, los horizontes velazqueños…, compuestas desde la admiración; del mismo modo que son descarnadas y sobrecogedoras las pinceladas que traza al perfilar los suburbios de la capital. En toda esta escritura percibimos cierto aliento barojiano –autor al que siempre admiró– pero aunque Pla cuenta las cosas con el mismo escepticismo, la profundidad de su mirada les infiere una mayor riqueza de aristas. Solo habría que observar cómo le quedan retratados algunos personajes: Unamuno, Azaña, Ortega, Lerroux, Alcalá Zamora y por supuesto: Ramón. Un photomatón muy personal e intransferible.

Josep Pla en la tertulia del Café Pombo (De pie, cuarto por la izquierda). Sentado (al fondo a la derecha): Ramón. Tras ellos, totalmente desdibujado, el cuadro de Solana.

En la cripta del Pombo

Desde su primer viaje entiende Pla que Madrid es una ciudad que se halla en un interesantísimo momento de transición. Por eso se afana en visitar todo lo que sobrevive de la etapa anterior, las reminiscencias de aquellos sugerentes relatos que su padre les había ido zurciendo en las noches del Ampurdán invernal. Había que conocer por tanto los últimos cafés, los últimos noctámbulos, las últimas tertulias, los últimos intelectuales. Resultaba obligado descender hasta la sagrada cripta del Pombo para descubrir a Ramón Gómez de la Serna y sus acólitos, a los que no duda en describir como los últimos intelectuales, pero con un punto de afilada crueldad, comparando su visita como si se encontrara en un parque zoológico, donde solo quedan las postrimerías de los animales. Cuando consigue acostumbrar su vista al humo del tabaco, desentraña que allí, alrededor de Ramón, se reúne toda una infame turba con pretensiones intelectuales que –seguramente– hasta vienen sin cenar. Caras famélicas, caras largas, caras pálidas, barbillas temblorosas, ojos calenturientos, higiene equívoca, trajes que parecen prestados. Un retrato aún más descarnado que aquel con los que los inmortalizó Solana, al que por cierto también describe como un hombre misterioso, indiferente y lejano. Sin embargo no duda en retratarse con ellos, jovial, con su sano aire de payés, delante del cuadro de Solana, que el fogonazo de la cámara ha desdibujado por completo. Y ante la mirada algo desconfiada de Ramón, sentado al fondo. Tal como el propio Pla lo describe: «Ramón es una persona muy simpática. Produce más efecto sentado que de pie». Ante la foto recapacitamos sobre esa obsesión de todas estas generaciones por retratarse en grupo. Como si creyeran que el objetivo de las cámaras fuese un pozo que precipita hacia la inmortalidad. Incluso creo descubrir entre ellos al que más tarde sería mi admirado profesor de literatura en el Instituto Complutense. No deja de ser curioso que el Josep Pla que terminará encerrado en el Mas de Llofriú, celoso de su intimidad, se prestase a compartir retrato con famélicos escritores, en aquel Madrid tan cuestionado y a la vez tan magníficamente definido por su pluma.

Josep Pla (Palafrugell, 1897-Llofriu, 1981).

El Cuaderno Gris y Cataluña

Comentaba Dionisio Ridruejo, cuando en compañía de su mujer, Gloria de Ros, finalizó la traducción al castellano, que El cuaderno gris (Ed. Destino) le parecía el libro más intenso de la literatura catalana del siglo y uno de los grandes de todas las literaturas peninsulares. «Es un libro inaudito –afirmaba– vivido, pensado, redactado en boceto en la época de mayor receptividad, en la juventud, y cribado, enriquecido, reescrito en la época de mayor dominio: en el arranque de la senectud». Los que no somos cataloparlantes, hemos intuido y envidiado la belleza de su estilo en traducciones tan exquisitas como ésta. También –durante nuestra juventud– disfrutamos de su manejo del castellano a través de aquella mítica columna que Pla (cuando se veía obligado a castellanizar su nombre como José) rellenaba cada semana en la revista Destino, hasta que el ‘honorable’ Pujol compró la publicación (1976) y fue despedido de sus páginas. La obra de Pla resulta imprescindible para entender nuestra cultura del siglo XX. Sin embargo, su controvertida actitud de preferir ir siempre por libre, su peculiar sentido de la política y su brumoso pasado, hizo que nunca se le concediera el Premio de Honor de las Letras Catalanas, ya que el Omnium Cultural se lo negaba año tras año a pesar de algunos votos positivos, entre ellos siempre el de Josep Maria Castellet.

 

 

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