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Como me lo contaron os lo cuento / Por Francisco Peña

Como me lo contaron os lo cuento  /  Por Francisco Peña

Política y Educación

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Antonio Machado. Retrato

Estas palabras de Machado nos llevan a la idea de la tolerancia y el respeto como actitud vital, al manantial sereno que debe instalarse en el devenir de las relaciones humanas que busquen la convivencia natural, sin extremismos violentos. Al definir término tolerancia, vemos que María Moliner utiliza las expresiones: admitir, aguantar, quitar importancia, justificar y la define como actitud del que respeta y consiente las opiniones ajenas. El Diccionario de la Real Academia coincide en resaltar el sentido de respeto a la diferencia: respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás aunque sean diferentes a las nuestras. En una sociedad tan compleja como la nuestra y plagada de informaciones contradictorias y tendenciosas, es a veces difícil sustraerse a reacciones radicalizadas. Algunas ideologías radicalizan su postura apoyándose en la incapacidad de pensar de muchas de las personas que leen sus mensajes. Lo podemos ver, por ejemplo, en el mensaje electoral de VOX en las actuales elecciones: el problema de los MENAS no solo es un asunto de tolerancia o de humanidad, sino apenas significativo en el panorama político actual, saturado por los problemas de la pandemia, de la sanidad, de los bancos… Sin embargo, ese mensaje directo y demagógico sobre un solo e insignificante aspecto social, se convierte en el eje temático de una campaña y arrastra a muchas personas, sumidas en la más absoluta ignorancia, e incapaces de ver los verdaderos problemas de la sociedad.

Pero el problema de esta ideología no es su mensaje, es su actitud de odio carente de más elemental humanidad y la justificación de las amenazas como actitud política.

Uno de los objetivos fundamentales de la educación debe ser terminar con esos principios irracionales, basados en la intransigencia y la falta de respeto, para afianzar en nuestros alumnos el sentido crítico racional necesario y la tolerancia a todas las ideologías.

La historia que os cuento, no basada en hechos reales, sino real completamente, es una muestra de lo que NO debe ser la educación.
Hace unos meses me encontré con mi amigo Javier, otro profesor de Literatura que se ha jubilado recientemente y disfruta de la lectura y de la vida, que siempre van unidas.

Javier fue profesor corrector de exámenes de la Selectividad durante muchos años y en una ocasión, me decía, «me tocó corregir los exámenes de literatura de un Instituto de una población cercana a Alcalá. En ese momento, yo no sabía a qué Instituto correspondían porque el sobre con los exámenes no llevaba ninguna identificación. En principio, el examen no había sido muy difícil porque había “caído” uno de los autores más importantes y, además, de los que se impartían al comienzo del temario, por lo que siempre se le dedicaba tiempo y esfuerzo: era nuestro Premio Nobel Juan Ramón Jiménez»
-Pues bien -siguió diciendo-, según abro los sobres y voy corrigiendo me encuentro con que un alumno escribe cinco líneas, otro seis, el más osado, diez… y así todos los alumnos de ese centro. Sorprendido, llamo al representante del centro en la selectividad. Le planteo la cuestión y ¿a qué no sabes lo que me dijo?
Le miré con la curiosidad reflejada en el rostro.
– Pues vino la representante del centro, una profesora muy agradable, y me dijo que el profesor que impartía literatura era tan de derechas, tan de derechas que todo aquel autor que “oliera a rojo” -dijo literalmente- no lo explicaba.
– Comenzamos a hacer un breve repaso del temario de Literatura y fuimos comentando con la profesora algunos de los autores que lo formaban. Unamuno: pensador incansable, racional, analítico… ¡Excluido! Machado, la tolerancia y el respeto hechos persona, siempre ligero de equipaje, un hombre bueno. ¡Excluido! Juan Ramón Jiménez, la sensibilidad poética en su vida y en su palabra. Ni una palabra política a pesar de que tuvo que salir exiliado por ayudar a los habitantes de Madrid durante los bombardeos. ¡Excluido!
– Y así -me dijo Javier- seguimos viendo el resto de los autores. Baroja ni verlo; Lorca era “rojo y maricón”, contaron los alumnos. Ni Dámaso Alonso, ni Rafael Alberti… ¡No encontramos ningún autor importante de la literatura del siglo XX al que el susodicho profesor no encasillara en el apartado de “rojo”!

Indicativo de la intransigente ramplonería del profesor fue lo que la profesora contó a mi amigo Javier sobre Delibes. Dijo que un día ese profesor había cometido el error de ver en el teatro la versión de Cinco horas con Mario y vino despotricando de la obra y de su mensaje de “rojos”, y a partir de entonces lo excluyó también del temario.
– Pues ¡si llega a ver Los santos inocentes… quema el cine! -comenté.
– Así que ahora solo explica a Concha Espina, a Agustín de Foxá y a José María Pemán, me dijo la profesora.
– Pero ¡si esos autores no entran en el temario! -dije.
– Ah, eso no le importa, como no le importan un rábano sus alumnos.
– ¡Es inconcebible… que haya personas como estas y, sobre todo, que se consientan estas barbaridades! ¿Y qué hiciste con la nota de los alumnos?
– Pues que voy a hacer, suspenderlos a todos, claro. Y mandar una nota de explicación y protesta al director del Instituto para que se lo comunicara al profesor.
– ¡Pobres alumnos! -dije.

Ese profesor no solo ha privado a los alumnos de aprobar la Selectividad y de orientar su vida profesional como más les interese, les ha privado de la lectura y del conocimiento necesarios para pensar. La vida encuentra su sentido cuando el hombre se plantea constantemente preguntas a las que es necesario encontrar respuestas. Lo realmente importante en la educación no es tanto lo que se enseña como el aprender a descubrir la verdad y el uso que se hace de ella en el discurrir de la vida. Estar sensibilizados frente a los peligros extremistas no debe servir para entender la tolerancia como medio para atacar a los contrarios sino para replantear nuestra actitud ante los demás. La idea fundamental debe ser el profundo respeto al otro, siempre desde la base de la relación social asentada en la humanidad, entendida como la creación de nuevos ámbitos de convivencia y solidaridad.

Esto es lo que transmiten las páginas de esos autores que el profesor se negó a explicar. Siempre son los “mejores” los que selecciona la historia y los que plasman su humanidad en los libros. Un buen lector nunca será un mediocre intolerante.

Mi amigo Javier me miró asintiendo y dijo una frase que no me resisto a repetir:
«No todos los que son de izquierdas, piensan, pero todos los que piensan son de izquierdas, sin radicalismos. Basta mirar la historia de la humanidad»
Desde el respeto -dije yo.

Como me lo contaron os lo cuento.

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