Fútbol. Vivar Dorado termina su tesis doctoral con olor a fase de ascenso (RSD Alcalá 3-0 Rayo Vallecano B)

Fútbol. Vivar Dorado termina su tesis doctoral con olor a fase de ascenso (RSD Alcalá  3-0  Rayo Vallecano B)

Por Antonio Campuzano

A falta de dos jornadas para el final de la liga Segunda Federación, cuya denominación se va haciendo presente entre nosotros, el Municipal del Val se convirtió en una mini marea rojilla, que tampoco conviene el ejercicio de la exageración. Las divisiones inferiores de la Real Sociedad Deportiva motearon el horizonte del graderío con colorido y presencia en mañana en que lo de la Real Sociedad venía de la jornada de ayer, en las emociones txuri urdin en la ciudad de Sevilla.

El Rayo Vallecano, aunque sea en versión B, viene de la cofradía bukanera, de consolidada enemistad con las brigadas de la afición local. A falta de negociaciones con bandera pakistaní o similar, la comisaría local de la Policía nacional envió efectivos fuera y dentro de las instalaciones deportivas en lo que parecía el inicio de intifada o similar demostración de belicosidad. La realidad desmintió la previsión para bien de propios y también extraños. El Rayo pequeño, representado en el palco por el presidente grande, Raúl Presa, encajó un gol en el minuto cuatro y parecía empequeñecido y sabedor de su delicada situación en la tabla de clasificación. Su entrenador, Toni Paredes, se soliviantaba por el pudor de sus huestes pero no abandonaba el chándal negro de arriba abajo, manga larga, como de experimento a la exposición de la temperatura ambiente, que alcanzó los 26 grados en su modalidad centígrada. El entrenador de los mayores, Íñigo Pérez, exhibe su desafío al Centro Nacional de Meteorología con su manga corta en Vallecas e incursiones de su equipo en la Conference League. Un mismo espacio, el Rayo, para dos sensibilidades con el clima por testigo. Alburquerque, con el 17 de Joaquín en la espalda, se empeña en tirar del equipo local hasta su destinos más ambiciosos y metió el primer gol en un suspense de Hitchcock y de segundos hasta ver al portero contrario entregado al paso del tiempo decretado por el delantero del Alcalá. En el filo del descanso, 44 minutos del primer tiempo, el otro ilustre enviado para el sueño del ascenso complutense, Koné, se encargó de cerrar la primera mitad con el 2-0, capitalizado por las nuevas adquisiciones, sobre las que Vivar Dorado terminará su trabajo fin de curso que ojalá el Sumo Creador permita dictar en primera Federación.

Nunca se acertó tanto y en tan poco tiempo en una política de fichajes. Ilustres de la tribuna se paseaban para los primeros apuntes: por ejemplo, Esteban Becker, ex del Alcalá en los idus de tronío; o David Barral, con hijo en la disciplina rayista y que corrió bandas en Cádiz, Sporting, Racing de Santander, entre otros. El rayo “que no cesa”, en su segunda conjugación, con el cruzado color amarillo y pantalón rojo, dio más guerra en la segunda parte, pero sin inaugurar su marcador, como se señalaba en la radiación antigua. Un penalty marrado por Javi Hernández y el tercer gol para Blanco en su primer contacto, ya con los vermúts en las terrazas. Paredes se entregaba definitivamente al mundo de la experimentación con la marca Digi, operadora rumana de telefonía, con Umbro como ropa deportiva, con gorra calada pero con asomo de coleta, todo ello más allá de la temperatura razonable. Detrás del banquillo, un avanzado discípulo, veinte años a lo sumo, atentaba contra la autoridad del senior Paredes con instrucciones imperativas acatadas por los jugadores y también por el entrenador de titularidad. Ibra, el central del Rayo, cuyo nombre ya se repite en muchas alienaciones españolas y europeas, dirimió su mañana en la disputa del balón con todos los delanteros locales y ganó en muchos de los duelos. Un gran defensa.

Detalles que dejó la contienda. A saber, Koné marcó al filo del descanso y se puso a imitar el gesto ese del delantero del Chelsea, Palmer, como excusándose de haber marcado, así con los brazos y manos para abajo. O sea, un tontuna más. Duró poco, por suerte. Otra más comprensible: Vivar Dorado cambia a sus jugadores, les ofrece ambas manos que son chocadas, y luego los golpea sin drama en glúteo, más bien como gesto de gratitud, consideración y complicidad a partes iguales. Quizá también lo ponga en la tesis o el trabajo fin de curso.

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