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Juan Marichal y El secreto de España / Por Vicente Alberto Serrano

Juan Marichal y El secreto de España  /  Por Vicente Alberto Serrano

Desde La Oveja Negra

Mi amigo Curro sugería ––siempre que se enfrentaba con el callejero local–– que bajo el nombre del personaje aludido, debería figurar su profesión; como había observado que ocurría en las calles de algunas poblaciones francesas. Resulta que Juan Marichal tiene dedicada una calle en esta ciudad; transcurre paralela a la Avenida de Carlos III y desemboca en la calle Fernando Fernán Gómez. A pesar de que muchos alcalaínos desconocerán el lugar del que estoy hablando, quiero pensar que al menos sabrán que Carlos III fue un rey Borbón. En cuanto a Juan Marichal, no figura su oficio bajo el nombre de la placa que rotula el lugar. Cuando esos pisos se ocupen y los vecinos se vean obligados a poner su dirección en el Documento Nacional de Identidad, tal vez se pregunten en algún momento, quien era aquel señor que nominó su calle. De Fernando Fernán Gómez sabemos que fue el actor que protagonizó la película El último caballo, que dirigió El extraño viaje y que escribió Las bicicletas son para el verano. Entonces, qué debería rotularse bajo su nombre: ¿Actor, director o escritor? Ambos personajes ––Fernán Gómez y Marichal–– fueron los primeros personajes reconocidos con el Premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras a finales del pasado siglo.

Juan Marichal recibiendo el Premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras por el entonces Alcalde de la ciudad, Manuel Peinado (9 de octubre de 1999).

Académico, humanista y liberal

El 9 de octubre de 1999 se galardonaba la labor de Juan Marichal con el Premio de las Artes y las Letras en su segunda edición. El día anterior, en las páginas del desaparecido Diario de Alcalá, el presidente del jurado y por entonces Alcalde de la ciudad, Manuel Peinado, trataba de explicar a los alcalaínos la importante trayectoria de aquel historiador del pensamiento español, catedrático emérito de la Universidad de Harvard, que escribió sobre Pedro Salinas, Unamuno, Ortega, Azaña y Negrín. Manuel Peinado tuvo además la genialidad de titular su entrañable y clarificador artículo con las tres palabras que seguramente hubiesen gratificado a Curro si entonces se hubiesen incorporado al rotular la calle: “Juan Marichal, académico, humanista y liberal”.

El problema español

A finales de 1975, entre los papeles conservados por Máximo de Francisco, heredados por la familia San Luciano, descubrieron un ejemplar impreso de la conferencia El problema español, pronunciada por Manuel Azaña el 4 de febrero de 1911, con motivo de la inauguración de la Casa del Pueblo de Alcalá de Henares. Hasta entonces extraviada, Juan Marichal la consideraba imprescindible para tratar de entender mejor el comienzo de la trayectoria política de su autor. José María San Luciano se puso inmediatamente en contacto telefónico con Marichal, catedrático en la Universidad de Harvard. A raíz de aquel hallazgo y aquella conversación, surgió una intensa relación de amistad y colaboración que se vería plasmada, algunos meses más tarde ––julio de 1976–– en la publicación de extensos extractos de la conferencia en el tercer número de la recién aparecida revista Historia 16, con una importante aproximación al personaje ––bastante desconocido cuando no ninguneado hasta entonces–– del propio Marichal y unas muy precisas notas al texto por parte de J. M. San Luciano. En portada se destacaba el hallazgo como “Azaña inédito”. Años más tarde y gracias a las gestiones de Juan Marichal, que generosamente avaló el proyecto, se pudo publicar en 1980 el libro Azaña (Ed. Edascal), primer homenaje al político y escritor alcalaíno con motivo del centenario de su nacimiento. Volumen que contenía la edición facsímil de la conferencia El problema español, así como dieciséis importantes colaboraciones en torno a la figura de don Manuel Azaña; desde Jorge Guillén, Francisco Ayala o José Bergamín; hasta Gabriel Jackson, Hugh Thomas, Paul Preston, Santos Juliá o Tuñón de Lara, entre otros.

Cubiertas de dos de las obras de Juan Marichal.

El secreto de España

En 1995, la editorial Taurus publicaba El secreto de España. Al año siguiente se le otorgaban a aquellos textos de Juan Marichal el Premio Nacional de Historia. Sus páginas recogían veinte breves ensayos sobre la historia intelectual y política de nuestro país. Desde el cambio semántico que adquirió el concepto “liberal” en el Cádiz de las Cortes hasta las modalidades del pensamiento político bajo la tiranía, señalando en este penúltimo capítulo cómo en la década 1946-1956 se observaron en España tres nuevas tendencias muy significativas y esperanzadoras, protagonizadas por el catedrático Enrique Tierno Galván, el historiador Jaume Vicens Vives y el canonista sevillano Manuel Giménez Fernández. Para los “filósofos” del Siglo de las Luces, España había significado un país sin interés alguno, dominado todavía por frailes inquisitoriales y aristócratas ignorantes. Tal vez por eso en la época de Carlos III (Ese rey borbón, cuya avenida dedicada a su memoria, transcurre en nuestra ciudad paralela a la calle Juan Marichal) los “ilustrados” nacionales pretendieron hacer ver a los demás europeos que este país aspiraba a ser otro. Durante décadas muchos extranjeros atravesaron los Pirineos, con el afán de desentrañar el secreto de España. Marichal en su primer libro publicado en nuestro país, La voluntad de estilo (Ed. Seix Barral, 1957) perfila, a través de un exhaustivo recorrido, el desarrollo de un ciclo histórico literario completo, desde los escritores del siglo XV hasta el lúcido análisis de la obra de Ortega y Gasset y sobre todo su admiración incondicional hacia la figura y la obra de Unamuno. Contiene además un cuarto capítulo de especial interés; dedicado a Feijóo, Cadalso y Jovellanos, personajes esenciales del siglo XVIII que protagonizaron el esfuerzo por llevar a cabo un cambio radical. Juan Marichal solía bromear al considerarse como un fósil del siglo XVIII. Tenemos que reconocer que aquellas páginas suyas nos ayudaron a valorar un siglo que permanecía olvidado en la historia de nuestra cultura. De algún modo los textos contenidos en El secreto de España, resultan complementarios e imprescindibles para completar los que se recogían en La voluntad de estilo. Entre ambos volúmenes logró ensamblar la filosofía y la historia, aplicándolas con suma amenidad a la literatura; de este modo supo ofrecernos una atractiva visión global que nos ha servido de brújula indispensable para leer con mayor profundidad a muchos de nuestros escritores favoritos.

Solita Salinas y Juan Marichal en Boston (c. 1960).

Marichal y Azaña

Juan Marichal nació en Santa Cruz de Tenerife en 1922 y murió en Cuernava (México) en 2010. Muy joven se trasladó a Madrid (1935) donde continuó el bachillerato e inmediatamente, a consecuencia del estallido de la guerra civil, se trasladó a Valencia y Barcelona. Después a París y más tarde a Casablanca. En 1941 compartió el camino del exilio con Niceto Alcalá Zamora y Blas Cabrera a bordo del carguero portugués Quanta, con destino a La Habana y Veracruz. Permaneció cinco años en México y posteriormente, transterrado una vez más, marchó a Estados Unidos donde en 1949 se doctoró en la Universidad de Pricenton con una tesis sobre “Feijóo y el ensayismo hispánico”, dirigida por su admirado maestro Américo Castro. En 1947 se casó con Solita, la hija del poeta Pedro Salinas, en una peculiar ceremonia –según gustaba recordar al matrimonio– seguida de un almuerzo donde al parecer Jorge Guillén, que había ejercido de testigo, se empeñó en convencer a Juan que estudiase a fondo la vida y la obra de don Manuel Azaña. Diez años dedicó Marichal para hacer realidad aquel consejo, que se vería culminado con la edición, en cuatro extensos volúmenes de lo que hasta ese momento se consideraban Obras Completas de Manuel Azaña (Ed. Oasis, México D.F., 1966-1968). La editorial española Cuadernos para el Diálogo publicó en 1968 La vocación de Manuel Azaña, aunque el libro, que contenía los prólogos de la edición mexicana, permanecería secuestrado por la censura hasta 1971. La figura y la obra del intelectual liberal que aspiró a transformar la sociedad española y que Juan Marichal intentó dar a conocer en nuestro país, una vez más trató de silenciarse por el Régimen. Pasados los años, contaba Santos Juliá que cuando estudiaba en la Universidad de Sevilla, su admirado profesor Ramón Carande le aconsejó que investigase a fondo en la obra de Manuel Azaña. Santos Juliá consiguió adquirir las míticas Obras Completas preparadas por Juan Marichal en la trastienda de una librería sevillana. Aquellos volúmenes, como textos de referencia, le sirvieron para preparar y publicar en 1990 Manuel Azaña, una biografía política. Del Ateneo al Palacio Nacional (Alianza Ed.). Completado en 2008 con Vida y tiempo de Manuel Azaña, 1880-1940 (Ed. Taurus). En el año 2007, bajo el sello editorial del Centro de Estudios Constitucionales y Políticos, aparecieron las nuevas Obras Completas de Azaña preparadas por Santos Juliá, ampliadas a siete tomos, en los que se recogieron todos aquellos documentos que Marichal se lamentó en su día de no haber podido rescatar de un secuestro malintencionado.

Como los cantes de ida y vuelta

En el flamenco, la milonga, la vidalita, la rumba o la guajira se conocen como cantes de ida y vuelta. Siempre se pensó que estos estilos los llevaron a América los emigrantes españoles, que después allí se transformaron con el contacto de la música popular hispanoamericana y al regreso de los emigrantes quedaron convertidos en los palos que hoy conocemos. El matrimonio Marichal Salinas me evocaba aquellos cantes. Marcharon al exilio, se formaron al otro lado del Atlántico. Cuando Juan se jubiló en Harvard decidieron regresar ilusionados a la España que les habían arrebatado. Aquí vivieron durante casi dos décadas en las que pudimos disfrutar de la simpatía arrolladora de Solita y de la dulce timidez de Juan; de la generosidad de los dos. Aprendimos tanto en su compañía. En 2003 su hijo Carlos los regresó a México. Solita murió en 2007, Juan en 2010. Como con los cantes de ida y vuelta, su recuerdo es como una guajira que se nos enredara entre compases de tristeza.

 

 

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