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La importancia del manejo del estrés / Por María José García Delgado

La importancia del manejo del estrés / Por María José García Delgado

Cuando es estrés no es algo habitual y continuo en nuestra vida y se asocia solo a momentos puntuales, puede llenarte de emoción y de energía, constituyendo una activación positiva. No obstante, cuando su presencia excede los beneficios de una reacción adaptativa de nuestro cuerpo, podemos empezar a notar el agotamiento y los efectos negativos pueden ser considerables.

Luchar y/o huir son las reacciones más comunes de nuestro cuerpo frente a una situación estresante; al percibir una amenaza o un riesgo, nos preparamos para afrontarlos o para alejarnos del peligro.

El mecanismo de nuestro organismo para manejar situaciones como las que comentamos, es completo. El hipotálamo, una pequeña parte del cerebro, activa una alarma que combina señales nerviosas y hormonales. Por un lado, los circuitos nerviosos se encargan de aumentar la sensación de alerta, enfocar la atención, reducir la sensación de dolor, controlar el hambre, el sueño y hasta el deseo sexual.

Por otro lado, las glándulas suprarrenales reciben la orden de liberar hormonas: cortisol y adrenalina. El cortisol, que es la denominada hormona del estrés, agudiza el sistema inmunológico el incrementa la cantidad de «combustible» en la sangre (carbohidratos, glucosa y grasa), necesario para reaccionar al estrés. La adrenalina aumenta la frecuencia cardíaca, eleva la presión de la sangre y aumenta la producción y utilización de energía.

La reacción del cuerpo al estrés a corto plazo puede resultar beneficiosa, como hemos comentado, ya que mantiene el balance interno o la autorregulación del cuerpo (homeostasis), además de fortalecer el Sistema Nerviosos Simpático (SNS). Se dice incluso que la sensación de estrés puede resultar emocionante, por eso hay muchos «fanáticos de la adrenalina». Esto se debe a que durante este proceso se genera una sensación de bienestar físico, al concentrarse toda la energía del cuerpo en estar listo para actuar rápidamente.

Por lo general, esta reacción se regula automáticamente. Cuando el cuerpo deja de percibir una amenaza, la alarma se desactiva, el organismo se relaja, deja de generar hormonas, el corazón vuelve a latir normalmente, etc.

Por el contrario, cuando el cuerpo está permanentemente enfrentado a situaciones estresantes y la alarma permanece activa, nuestro organismo se mantiene en estado de alerta, como si se preparase para una pelea que nunca sucede. De esta forma, el cuerpo termina acumulando energía y trabajando innecesariamente, lo que provoca tensión, ansiedad y preocupación.

La constante activación nerviosa y la sobreproducción hormonal desgasta y deteriora el cuerpo, pudiendo generar diferentes problemas de salud como el debilitamiento del sistema inmunológico, aumento de la vulnerabilidad a las infecciones, enfermedades cardíacas, problemas digestivos, insomnio, ansiedad, depresión, obesidad, etc.

El estrés también puede empeorar los síntomas de otras enfermedades, como el cáncer y la diabetes. Además, puede hacer que la persona adopte comportamientos compulsivos como el uso de drogas, el exceso de alcohol o el tabaco, y que coma más de lo necesario. Estos comportamientos no solo no alivian el estrés, sino que además te meten en un círculo vicioso que cuesta mucho trabajo romper.

Por eso, debemos ser conscientes del nivel de estrés y de activación que soportamos para buscar ayuda del especialista en el momento en el que no sepamos manejarlo de manera adecuada; él nos ayudará a encontrar un punto medio para que no nos afecte seriamente a la salud.

Mª José García Delgado es enfermera de Vitalia Alcalá de Henares.

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