Alcalá de Henares recuerda esta semana a Francisco Javier Huerta Pascual, arquitecto de Alcalá de Henares, que ha fallecido tras una larga batalla contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA)
«Desde la Fundación Antezana lamentamos anunciar el fallecimiento de nuestro patrono y amigo don Javier Huerta Pascual, que dedicó una parte de su vida a hacer más grande esta institución. Nos unimos al dolor de su familia con la fe de que su legado permanecerá vivo entre nosotros». Así comunicaba su muerte el pasado día 16 de abril la Fundación Antezana, entidad de la que Francisco Javier Huerta Pascual era patrono. Hasta sus últimos momentos a Javier se le veía con su silla de ruedas por el patio del «Hospitalillo» de la calle Mayor interesándose por la actualidad. De hecho, fue mucho más que un profesional de la arquitectura ya que era un enamorado de Alcalá, un defensor incansable de su casco histórico y un hombre que entendía la restauración como un acto de amor y respeto hacia el pasado para entregárselo mejor a las generaciones futuras.
Y es que, en la Fundación de Antezana (antiguo Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia o “Hospitalillo”), donde fue arquitecto conservador durante muchos años, diseñó su actual jardín, dirigió obras de consolidación y fue pieza clave en mantener vivo el espíritu benéfico de esta institución centenaria. También participó en restauraciones como la de viviendas históricas en el casco antiguo (entre ellas en la calle del Empecinado), intervenciones en conventos y otros espacios singulares que hoy forman parte del alma de Alcalá, Patrimonio de la Humanidad.
En 2015 recibió el Premio Ciudad de Alcalá de Arquitectura (foto superior de Archivo del Ayuntamiento) precisamente por la rehabilitación del edificio de la Calle Mayor nº 46, perteneciente a la Fundación de Antezana. Aquel galardón reconoció su excelente trabajo en uno de los proyectos más significativos de su trayectoria. Eso sí, no fue el único: durante décadas intervino con sensibilidad y rigor en algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad complutense.
Su dedicación se extendió también a proyectos culturales de gran calado, como la coordinación de actos conmemorativos del 500 aniversario de la conversión de San Ignacio de Loyola, siempre con esa mezcla de rigor técnico y cariño complutense que le caracterizaba. Descanse en paz.






























