Los equipos que exhiben procedencia de primera federación aparcan el autobús en que viajan en la avenida del Val para su inclusión en la categoría de las formaciones a tener en cuenta. La Gimnástica Segoviana se encuentra entre ellas. La carrocería da para su lugar de nacimiento, que resulta ser de 1928, cuatro más joven que la Real Sociedad Deportiva Alcalá. “Nuestros pueblos, nuestra fortaleza”, así como carta de presentación en lema que afronta el futuro deportivo como algo al alcance de la mano. Autocares Siguero permite, desde los cincuenta y cinco años de experiencia, el vaivén del equipo representativo de la ciudad de Segovia. El mes de septiembre de retardo de verano alumbra fútbol con veintiocho grados centígrados con la búsqueda de resquicio de sombra.
El equipo de Vivar Dorado sigue la ambivalencia de los primeros y segundos tiempos en el hallazgo del momento de forma que convenza a todos. La primera mitad anduvo en la disputa de ambos para terminar en tablas de empate a dos, abrochado en primer y cuarto gol de los visitantes. La Gimnástica, con su segunda equipación, de color blanco y pantalón negro, como si del Valencia se tratase, con caída y elasticidad textil de modo “authentic”, se plantó en el terreno de juego con convicción de ganar el partido, en cuyo minuto seis impuso su jerarquía, en pérdida candorosa de Marco. El delantero centro, Diego Lorenzo, de irreprochable presencia, suscitó muy pocas dudas para su presentación como un excelente jugador. Abrió el marcador y lo cerró antes de la vuelta al vestuario en el descanso.
La diseminación azulgrana, que este es el primer color segoviano, se dejaba ver por los aledaños del municipal del Val, con criterio civilizado y con asunción de las obligaciones de una hinchada de bien. Manu Ramírez, el fichaje más cotizado del equipo rojillo, dejó ver las razones de ello y marcó los dos primeros goles locales. El primero en manejo de su habilidad para una maniobra que facilitó su posición de ventaja de cara al gol. El segundo, de penalty, por aquella interpretación de la pelota que da en el brazo, o bien pegado o despegado del cuerpo, que da para la exégesis de la pena máxima como podía serlo para desvelar el misterio de la Santísima Trinidad. Nadie se pone de acuerdo pero existe una conformidad para atender la decisión arbitral sin que suponga la declaración de la tercera guerra mundial. 2-1 con Ramírez y sus piernas arqueadas camino de la conquista del corazón rojillo. Descanso con el desasosiego de Aitor Calle, entrenador gimnástico, llegado del Sestao River, para dirigir la resurrección segoviana con su segundo Marcos Rodríguez García, inquieto técnico con innegable parecido a Jagoba Arrasate. Algunas disputas de Calle con el árbitro terminaron con mirada atrabiliaria a la tribuna, que a poco estuvo del incendio.
La cordura se impuso para afrontar la segunda parte con la impresión de poder ganar cualquiera. Vivar Dorado, como el día del inicio del campeonato, sacó la pizarra con la misma determinación que las tablas de la ley. Aparecieron el central Álvaro Santiago y el delantero centro Luis Simón. Entre ambos aclararon en concretos minutos el franco 5-2 final, en una traducción espectacularmente didáctica de la transición. La transición es materia histórico política que divide a las gentes en su estudio y definición, pero el vuelco en materia futbolística quedó meridiano en el Val. Desde el portero Adri Fernández, en el cuarto, que sirvió a la ambición de Luis Simón, al quinto, en el descuento, en vehículo de la defensa para el adelantado Santiago en desapego de su función defensiva, ahí quedó el dibujo de la transición como materia explicativa que sirvió para un triunfo apenas explicable en el intermedio. Desaparecido Diego Lorenzo, firme y quieto como un ídolo, que gustaba decir a Mario Vargas Llosa, la Gimnástica quedó disminuida a expensas de Pedraza y su impronta de jugador de cancha y experiencia, y de Sanchidrián, de buena exposición en el campo con su bigote velazqueño de la pintura del siglo XVII. El seguimiento segoviano situaba el parecido más en el entorno de la fundación del cuerpo de la Guardia Civil.
Ya en las postrimerías del encuentro, el árbitro Pablo González dejó su impronta de necesidad de protagonismo. Lesionado Chete, el colegiado ordenó con la ayuda del aspaviento la entrada del director médico, quien desoyó el imperativo al considerar que el central no era merecedor de diagnóstico ni tratamiento. Pues el propietario del silbato se lo tomó como una agresión a su autoridad y enseñó tarjeta amarilla a Vivar y roja al médico en medio de estupor público. Ya se había disipado la neblina de la parrilla de chorizos y pancetas que se aloja en el fondo norte de las Brigadas ya ganado el mediodía. La Gimnástica se retiraba en plan de paz y concordia, con cinco goles en contra y el pecho reluciente con el patrocinador CajaViva, Caja Rural, en perfecta simetría en la impresión, para rehabilitarse entre los 167 arcos de su acuerducto.
La Real Sociedad avanza como equipo más goleador.
Antonio Campuzano.




























