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Los niños, los grandes olvidados en tiempos del coronavirus

Los niños, los grandes olvidados en tiempos del coronavirus

Hablamos con Leticia García Jerez, Psicóloga Infantil en el Corredor del Henares, sobre cómo se sienten los niños en tiempos de confinamiento y de cómo afrontar con ellos el día a día del coronavirus

En estos días de confinamiento, los niños se han convertido en seres invisibles. Parece como si el Flautista de Hamelín hubiera pasado recorriendo las calles de pueblos y ciudades y se los hubiera llevado. Sin embargo, siguen ahí. Les oímos a través de las paredes: ríen, lloran, juegan, a veces gritan y, por qué no decirlo, también molestan.

Esta semana, mi vecino de tres años parece estar poseído por el espíritu de Pavarotti. Los pulmones de un hombre de 120 kilos en el cuerpo de un niño que no pasa de los 15. Debo de reconocer que me he sentido tentada de aporrear la pared hasta hacer temblar los cimientos, pero luego he pensado que yo también me pondría a gritar si mi edad y las normas de convivencia social no me lo impidieran.

En lugar de hacer un un boquete en la medianera entre su piso y el mío, he decidido empatizar y ponerme en la piel del pequeño. No tiene que ser fácil pasar las 24 horas del día en un piso de 60 metros con la compañía de tus padres y sin entender muy bien porque todo ha cambiado de repente.

 

Todo ha cambiado

Contacto con Leticia García Jerez (Foto inferior), Psicóloga Infantil, que me atiende desde sus casa de Villalbilla. Estos días, las videoconferencias y llamadas de teléfono se han convertido en la forma habitual de comunicarse con los pacientes. Eso es lo primero que intenta transmitirme, nuestra realidad ha cambiado y los niños también lo notan.

Hasta los 4 años, aproximadamente, no sufren ansiedad de la forma que lo hacemos los adultos. Ellos no sienten la preocupación de que algo malo puede pasarle a sus padres o seres queridos, pero sí que están más nerviosos por la situación de encierro a la que se ven sometidos y eso hace que se acentúen cierto tipo de comportamientos como las rabietas, irritabilidad o dificultad para dormir. También es normal que se produzcan episodios de regresión; en algunos casos querrán volver a dormir con sus padres, a utilizar el chupete o tendrán problemas para controlar los esfínteres y volverán al pañal. Es la manera que tienen de expresar sus emociones.

Los niños (y cuando hablamos de niños nos referimos hasta los 12 años) sí que perciben el estrés de los adultos, apunta Leticia García Jerez, por eso debemos de contarles cómo nos sentimos. Los padres y madres tienen todo el derecho del mundo a sentir tristeza, preocupación o ansiedad y no se les puede culpabilizar por ello. Lo que estamos viviendo es una situación novedosa que hay que intentar normalizar entre todos en la medida de lo posible.  Si lo compartimos con ellos lo entenderán mejor y se sentirán más seguros y tranquilos, añade.

Acceso controlado a la información

Hablamos del bombardeo de información que nos llega estos días por todos lados. Me dice Leticia que los niños que son un poco mayores pueden tener acceso a las noticias, pero siempre que sean contrastadas y prestando mucha atención a lo que les llega o consumen a través de la redes sociales porque hay mucho «fake». En el caso de los pequeños, debemos darles la información a cuentagotas y siempre usando un lenguaje que sea comprensible para ellos, por ejemplo con dibujos o cuentos. El problema de no contarles nada es que ellos no son tontos y escuchan la tele, o nos oyen hablar por teléfono, con lo cual pueden generar una fantasía en su mente que nada tiene que ver con la realidad y que es mucho más perjudicial.

Hay un asunto que la psicóloga repite varias veces a lo largo de la conversación: hay que preguntarles cómo están y escucharles. Es necesario que se expresen, que nos digan lo que sienten para detectar si tienen miedo, están nerviosos, tristes o preocupados y, a partir de esa información, contarles lo que está pasando. Es la mejor manera de que se sientan seguros.

Aquí me viene a la cabeza un asunto complejo: ¿cómo les contamos la enfermedad de alguien cercano o su fallecimiento? y, añado, ¿hay que decírselo? Por supuesto, contesta Leticia. En el caso de un enfermo se les explica que hay muchos profesionales que están cuidando de él y si hay un fallecimiento lo mismo. Una buena manera de asimilarlo es que puedan hacer un duelo, despedirse de esa persona con una carta o un dibujo, por ejemplo.

Normas necesarias pero flexibles

Le pregunto por los padres, por cómo no perder los papeles cuando estás teletrabajando y tus hijos demandan a gritos tu atención. La clave son las normas, me dice. Hay que establecer unos límites previamente; mamá y papá están trabajando, tú tienes que hacer tus tareas y lo que necesites se resolverá cuando todos hayamos terminado con nuestras obligaciones.

Hablando de normas: en situaciones excepcionales, normas excepcionales. Son necesarias pero teniendo en cuenta el componente emocional que conlleva la situación en general, pueden flexibilizarse. Claro que hay que establecer una rutinas de sueño, higiene, tareas escolares y ocio, pero no pasa nada por si estos días en lugar de a las nueve se acuestan a las once o juegan un poco más con las pantallas. Y aquí llegamos a otro de los asuntos clave, cómo evitar que se pasen todo el día pegados a ellas. Leticia lo tiene muy claro, pueden disfrutar del móvil o la tablet pero hay que hacer otras actividades. Es un buen momento para ayudar en las tareas de la casa o para fomentar su autonomía, que aprendan a hacer cosas que antes no hacían. Tampoco es malo que se aburran, estamos acostumbrados a tenerles permanentemente entretenidos y  aburrirse fomenta la creatividad.

Mantener sus relaciones sociales

Aburrimiento es una palabra clave, a mi también me pasa y echo de menos a mis amigos, así que imagino que los niños también notarán esa ausencia. Para eso, dice la terapeuta, son fantásticas las nueva tecnologías. Hacer videoconferencias, hablar por el chat o los juegos on line les permiten seguir manteniendo sus relaciones sociales. Incluso celebrar el cumpleaños con este sistema es una buena manera de normalizar la situación de confinamiento pero, eso sí, no puede faltar la tarta, dice Leticia.

Cuando todo termine

Aventurarse a decir si el confinamiento puede afectar a su salud mental en el futuro, es aventurarse mucho porque esto nunca ha ocurrido. Pero nuestra psicóloga cree que hay que intentar que quede una buena experiencia y que se convierta en un aprendizaje de vida.

Me gusta su reflexión final: esta situación nos va servir para darnos cuenta de lo que teníamos y para ralentizar el ritmo que llevábamos. Para hacer las cosas con más calma, escuchar a los niños, saber lo que sienten y no despacharlos con un «luego me lo cuentas». Todos podemos salir mentalmente reforzados.

 

 

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