Alcalá y los orígenes del turismo: la historia que comenzó con la Hostería del Estudiante / Por Pedro Soria

Alcalá y los orígenes del turismo: la historia que comenzó con la Hostería del Estudiante / Por Pedro Soria

Artículo escrito y remitido por Pedro Soria, ex director del Parador de Turismo de Alcalá de Henares

El 9 de octubre de 2026 se cumplen 98 años de la inauguración del Parador de Gredos por Alfonso XIII, el primero de la que con el tiempo se convertiría en la Red de Paradores. La efeméride es una buena ocasión para volver la mirada hacia Alcalá de Henares y recordar que la relación de nuestra ciudad con Paradores no comenzó en 2009, con la apertura del actual establecimiento, sino mucho antes.

En realidad, comenzó a gestarse en los años veinte, cuando algunos alcalaínos entendieron que el extraordinario patrimonio histórico y cultural de la ciudad no solo debía conservarse, sino que podía convertirse también en un recurso capaz de atraer visitantes y generar actividad. El turismo llegó a Alcalá de la mano de su patrimonio, pero ese patrimonio pudo convertirse en recurso turístico porque hubo personas e instituciones que durante generaciones se empeñaron en conservarlo.

El patio de la Hostería del Estudiante, empedrado con guijarros (Postal de los años 30).

Para entender cómo se produjo aquel primer paso conviene detenerse en tres nombres y en las instituciones que representaban: el conde de Canga-Argüelles y el Patronato Nacional de Turismo; Francisco Huerta Carlopa y el Sindicato de Iniciativas y Atracción de Forasteros; y Manuel Martín Esperanza y la Sociedad de Condueños. Sus caminos, distintos pero complementarios, terminarían confluyendo en un proyecto que en 1930 se convertiría en una realidad: la Hostería del Estudiante.

José María de Canga-Argüelles y del Busto, IV conde de Canga-Argüelles, fue una figura de gran personalidad y con una intensa actividad pública. Abogado y diputado a Cortes, participó en distintas iniciativas encaminadas a sacar a Alcalá del estancamiento económico y social en el que había quedado sumida tras la pérdida de su Universidad.

Su preocupación por el futuro de la ciudad no se limitó a la industria. En 1927 planteó incluso la creación de una Universidad Hispanoamericana, convencido de que el nombre de Alcalá conservaba un “prestigio universal” que España estaba desaprovechando. En esa mirada hacia el futuro aparecía también, de forma muy clara, el potencial de Alcalá como lugar de atracción cultural.

En 1929 escribía unas palabras que resumen bien aquella preocupación: “Es curioso lo que ocurre en Alcalá de Henares, pues estando en primer lugar, tanto en joyas arquitectónicas como en gloriosas tradiciones, se han pasado años y más años sin que estas mostrasen su esplendorosa riqueza, no digo ya entre los turistas que nos visitan, sino entre nosotros mismos”.

No era una reflexión menor. En aquellos años estaba naciendo en España una nueva política turística. El Patronato Nacional de Turismo, creado en 1928, comenzaba a impulsar una red de establecimientos destinados a facilitar los viajes y, al mismo tiempo, a recuperar edificios de interés histórico y artístico.

Canga-Argüelles fue una de las figuras que facilitaron la conexión entre aquella nueva política turística nacional y Alcalá. En la Junta de Paradores y Hosterías del Reino, creada en 1928, se recurrió también a personas que, sin formar necesariamente parte de sus cargos permanentes, podían colaborar sobre el terreno en la implantación de nuevos establecimientos. Entre ellas estuvo el conde de Canga-Argüelles, junto al conde de Cedillo, en las gestiones relacionadas con la instalación de una hostería en Alcalá.

Y hay un documento que resulta especialmente revelador. El número extraordinario de El Eco Complutense publicado con motivo de la inauguración de la Hostería del Estudiante, el 28 de mayo de 1930, reproducía el organigrama del Patronato Nacional de Turismo y señalaba expresamente: “Representante en Alcalá: Sr. Conde de Canga Argüelles”.

Antes incluso de que la política turística del Patronato alcanzara todo su desarrollo, en Alcalá ya existía una conciencia de que era necesario dar a conocer la ciudad.

Uno de sus protagonistas fue Francisco Huerta Carlopa, al frente del Sindicato de Iniciativas y Atracción de Forasteros. Este tipo de organizaciones había nacido precisamente para combatir el desconocimiento de la oferta turística y difundir los atractivos de las distintas ciudades y regiones.

En 1929 un grupo de alcalaínos se reunió en el Círculo de Contribuyentes y acordó crear en la ciudad un Sindicato de Iniciativas y Atracción de Forasteros. De aquella reunión salió una junta directiva presidida por el alcalde, Gustavo Chamorro Tello, con Manuel López Linares y Francisco Huerta Carlopa como vicepresidentes.

Más allá de los nombres, lo verdaderamente significativo es la mentalidad que había detrás de aquella iniciativa. Aquellos complutenses entendieron que mostrar Alcalá podía ser también una forma de crear riqueza y de proyectar hacia el exterior el extraordinario legado arquitectónico y cultural de la ciudad.

El Sindicato pasó pronto de las palabras a los hechos. En 1930 instaló una caseta informativa en la Plaza de Cervantes durante las ferias, destinada a atender a la prensa y a los visitantes. También publicó tarjetas postales de Alcalá y reproducciones del grabado de Jenaro Pérez Villaamil del Paraninfo universitario.

Y Huerta Carlopa tuvo además una relación muy directa con la difusión de aquel momento histórico. Director de El Eco Complutense, periódico que había interrumpido su publicación en 1910, consiguió recuperar la cabecera para sacar un número extraordinario en mayo de 1930, coincidiendo con la inauguración de la Hostería del Estudiante y con la restauración del Patio Trilingüe y el Paraninfo.

Si Canga-Argüelles representa la conexión con la nueva política turística nacional y Huerta Carlopa la iniciativa local, Manuel Martín Esperanza encarna otro elemento imprescindible: la defensa del patrimonio.

Presidente de la Sociedad de Condueños en aquellos años, Martín Esperanza tuvo un papel decisivo en la búsqueda de una solución para unos espacios universitarios cuya conservación resultaba cada vez más difícil. La Sociedad de Condueños había adquirido y conservado parte del antiguo patrimonio universitario, y su empeño permitió que aquellos espacios históricos pudieran incorporarse a un proyecto turístico sin perder su vinculación con Alcalá.

El momento decisivo llegó en enero de 1929. El Patio Trilingüe y el Paraninfo (foto inferior acto UAH), que habían sido devueltos por los padres Escolapios al no poder afrontar las obras necesarias, necesitaban una intervención urgente. La Universidad Central de Madrid, ante la falta de recursos, tampoco podía hacerse cargo de aquellas reparaciones.

Martín Esperanza acudió entonces al Patronato Nacional de Turismo en busca de ayuda. Allí se entrevistó con su secretario general, el señor Sangroniz, y encontró no solo la posibilidad de financiar la restauración de aquellos espacios, sino también la promesa de una colaboración más amplia.

La oportunidad no podía llegar en mejor momento. El Patronato había comenzado a disponer en 1929 de un presupuesto propio y entre sus previsiones figuraban tanto la explotación de los paradores y hosterías que pudieran abrirse al público como la concesión de subvenciones y la intervención sobre edificios de carácter histórico o artístico. Además, en octubre de 1928 había creado la Junta de Paradores y Hosterías del Reino, cuya actividad estaba orientada, entre otras funciones, a recuperar edificios monumentales para adaptarlos e integrarlos en la nueva red hotelera estatal.

La colaboración entre la Sociedad de Condueños y el Patronato no tardó en concretarse. El 13 de marzo de 1929 se organizó una excursión cultural a Alcalá que partió de la sede del Patronato. En ella participaron el conde de Canga-Argüelles, la marquesa de San Juan de Buenavista, el conde de Cedillo, Julio Cavestany y el conde de Güell, junto a otras personas vinculadas a la política y la promoción turística.

La visita permitió conocer directamente el estado y las posibilidades del inmueble. El edificio que hasta entonces había constituido un problema de conservación comenzaba a verse también como una oportunidad: recuperar patrimonio y, al mismo tiempo, crear un establecimiento capaz de atender visitantes. Aquí es donde las tres historias que hemos seguido por separado empiezan a encontrarse.

El resultado de aquel proceso sería la creación de la Hostería del Estudiante, inaugurada el 28 de mayo de 1930. Su instalación en los espacios históricos del antiguo Colegio Trilingüe convirtió la recuperación del patrimonio en una realidad turística.

La importancia de aquella iniciativa va mucho más allá de la apertura de un establecimiento para la atención de turistas. La Hostería representó una manera nueva de entender Alcalá: una ciudad que podía recuperar su patrimonio, abrirlo a los visitantes y utilizarlo como motor de actividad económica y cultural.

Por eso, cuando hoy hablamos del turismo de Alcalá, conviene mirar bastante más atrás que 2009. El actual Parador constituye, sin duda, uno de los grandes hitos de la historia turística contemporánea de la ciudad, pero no fue el principio de esa historia. La semilla estaba plantada desde décadas antes.

En 1930, la Hostería del Estudiante fue el primer paso relevante de aquella historia. Fue el fruto de la coincidencia de varias voluntades: la de quienes desde Alcalá reclamaban atención para su patrimonio y querían mostrarlo; la de quienes, desde las instituciones nacionales, estaban creando una nueva política turística; y la de quienes, como la Sociedad de Condueños, habían dedicado buena parte de sus esfuerzos a conservar unos espacios que parecían condenados a desaparecer.

Quizá ese sea el mejor modo de entender la efeméride del 9 de octubre de 2026. Cuando Paradores cumpla 98 años, Alcalá podrá recordar que su relación con aquella historia comenzó prácticamente en sus primeros pasos. Y que, mucho antes de que existiera el edificio que hoy conocemos como Parador de Turismo de Alcalá de Henares, hubo un grupo de personas que entendió algo fundamental: que conservar el patrimonio y convertirlo en una fuente de conocimiento, de cultura y de actividad turística no eran objetivos contradictorios, sino dos caras de una misma apuesta por el futuro de la ciudad.

La Hostería del Estudiante fue la primera gran expresión de aquella apuesta. Y, de alguna manera, también fue el comienzo de un camino que Alcalá seguiría recorriendo durante las décadas siguientes.

Por Pedro Soria, ex director del Parador de Alcalá de Henares

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