Fútbol. El Alcalá abandera la resistencia en ciento veinte minutos (Copa del Rey. RSD Alcalá 1 – Las Palmas 3)

Fútbol. El Alcalá abandera la resistencia en ciento veinte minutos (Copa del Rey. RSD Alcalá 1 – Las Palmas 3)

La Copa del Rey es una competición que en los últimos años tiene para el Alcalá una virtud de potencial esperanzador, que justamente termina cuando el sorteo lanza la bolita con el nombre de un equipo canario. Hace doce meses el Tenerife, en este la Unión Deportiva Las Palmas. La maldición insular parecía esta vez alejada del destino fatal, pero fue solo un espejismo. La ensoñación tuvo un añadido de media hora, los que configuran el tiempo adicional de la prórroga, a la que se llegó con una carga medida en toneladas de la categoría de la ilusión. Pero la adición de tiempo se vistió de realidad para explotar en la cara de los aficionados rojillos.

El ambiente era el de los mejores recuerdos de la biografía del club. La llegada de los brigadas en escuadra y formación como mancha extendida en todo el fondo; la presencia policial, y el entradón que aviva la disputa del histórico torneo del KO, todo ello delimitaba muy correctamente las dimensiones del acontecimiento deportivo. Junto a ello también llegaron las sorpresas. No la menos dispar la alienación del equipo local. El dueño del banquillo rojillo, Jesús Muñoz, se alió con la estridencia y no le salió del todo mal. Ni uno solo de los componentes del once inicial coincidía con el que apareció en el terreno de juego el sábado pasado. En gobernanza se llama revolución, en corte y confección más bien dar la vuelta al calcetín. En materia de fútbol, generar asombro. Pues aquella experiencia permitió valorar las infinitas cualidades atesoradas por el portero Marc de Castro, nacido en Escaldes-Engordany, del principado de Andorra, internacional por su pequeño país. O Pablo Moyá, muy serio central de contención notable. El resto, sometido a la prueba del asombro de su adiestrador, competía con la dignidad de los notables.

La Unión Deportiva se dejó la primera equipación en la isla para encomendarse al sosias del Boca Juniors, que así iba vestido el en otro tiempo puntero equipo de la primera división de los años sesenta del siglo pasado. Tras el descanso se presentó para su disfrute un partido completamente nuevo. Kirian Rodríguez, el jugador amén de excelente pelotero triunfador de la batalla del cáncer que le aquejó con intensidad, dobló lo justo su tobillo derecho a los tres minutos de la reanudación para romper la igualdad. Y ahí nació un espíritu de revuelta del Alcalá, en el momento en que se dio entrada a los habituales Albur y Luis Simón. El empate a uno merced a Simón, cuya inquietud tiene efecto de contagio, abrió un nuevo partido dando la impresión de que todo era posible. Se llegó a la prórroga y las gentes se apercibían de la microfonía a pie de campo, los tótems de Copa del Rey, el auxilio de organización con las acreditaciones, es decir, ambiente de extraordinario consumo. Pero todo ello fue objeto de olvido para la contumacia de nuevo de Kirian: lanzamiento de falta en el fondo opuesto a la implantación de brigadas y se acabó el instrumento de la esperanza. Todo el mundo ya bajó los brazos en los que se sostenía la aspiración, quizá con la excepción de Albur, con la verticalidad como norma; y el aliento de los brigadistas, después del tifo inicial como composición visual de mucha labor y el contraste de color blanco del rostro con el negro del atuendo, como aquellas fotos de Raúl Cancio en San Mamés y la estirada de José Ángel Iríbar. El equipo canario ya respiraba del todo con el 1-3 obtenido y la miscelánea de nacionalidades que componen la Unión Deportiva se hacía un todo de gozo y superación de angustia. Italia, Ghana, Burkina Faso, Eslovenia, hasta el hijo del uruguayo “Chino” Recoba, todos con representantes en la militancia canaria. Por fin se aquietó el técnico Juanma Rodríguez, maestro en la producción de broncas y lo que se conoce psicológicamente como “mimetismo conductual”, o sea, el gesto de rematar sin pelota en el bar o en el salón de casa antes que llegue la pelota al delantero centro en el terreno de juego. El técnico isleño “remató” toda la noche ante la admiración del cuarto árbitro, siempre antes que sus jugadores.

Con algo de fortuna, el próximo año se pasa la primera ronda, siempre y cuando no haya bolas canarias en el bombo.

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