Cuando a las 7,00 p.m. se encendieron los focos de abierta intensidad lumínica, lo que dio lugar al comienzo de la segunda parte, se abrieron también las compuertas de la esperanza para el equipo local, máxime cuando en el minuto 63, Edu Viaña, con el lucido número veinte a la espalda, remató un córner con resultado final de gol. El primero después de dos partidos y lo que se añadía del presente sumaba sin alteración del marcador. Pero el destino jamás escrito de antemano en lo que parece una temporada de grandes titubeos en el Municipal del Val enseguida proporcionó una sucesión de disgustos, lo que se interpreta exactamente al revés en el equipo contrario.
Llegados al minuto 70, Arribas, ex jugador del Alcalá hasta hace un verano, abandonó el terreno de juego en medio de una ovación cariñosa en recuerdo a sus correrías por la banda ataviado con la camiseta rojilla, para dar entrada a Fran Pérez, dueño del número 10 y de la banda izquierda, a la que puso registralmente a su nombre, sin objeción alguna del Alcalá en cualquiera de sus líneas. Maximino Pérez, padre del jugador de la efervescencia, empresario y apoderado taurino pero también emocional compañero del extremo, gozaba del momento de la explosión, presente en el campo. Minutos 75, al forzar un córner con final de gol, y el 78, en incisión del área con pase letal, bastaron para que Pérez, convalidase su voluntad por el triunfo del Sanse. A partir de ahí, las voces del banquillo visitante, con Manolo Sanlúcar, dentro de un chándal negro embutido hasta la apariencia de segunda piel, imprecaciones, exabruptos, gesticulación, todo ello sumaba en favor de la creación de un estado de ánimo en su equipo, el Sanse, metido en el partido defensivamente por una presión técnica de su adiestrador ante lo cual la comparación con, un ejemplo, Simeone, quizá dejase estéticamente al argentino como un practicante del pacifismo. Las torres de irradiación de luz progresaban en su iluminación para desnudar las dificultades de la formación local, llevada con el marcador en contra para sentir “su corazón lleno de urgencia”, al decir de Vargas Llosa, pero la prisa no jugó papel de aliada.
El final del partido desveló alguna protesta por la foto de la clasificación con aproximación a los puestos que gráficamente se ordenan en un nítido color rojo. El repudio del sábado como fecha de trabajo en un terreno de juego, tal y como se instala en el prontuario de creencias judías, aún no tiene aplicación en el Val de orientación laica. Pero el aborrecimiento de este sexto día en perjuicio del mediodía del domingo ya se maneja como obligado. El terreno de juego en inmejorable estado no ayuda, no obstante, a la nueva etapa del Alcalá de la mano del nuevo inquilino del banquillo, Jesús Muñoz, con balance de un punto de seis posibles. Muñoz, en el primer tiempo, paró un balón extraviado en la zona de influencia del entrenador con un virtuoso movimiento de tacón, pero solo fue un ejercicio de nostalgia de su pasado y de espejismo sin transmisión al colectivo. El carraspeo del viejo himno del Alcalá, “rá-rá-rá”, no casa con el desarrollo del sábado, donde una fusión de fútbol y afición taurina, Fran Pérez, nieto del fundador del hierro de Garcigrande, Domingo Hernández, disparado por la banda izquierda, con el verde de la segunda equipación, inaugura un malestar en la avenida del Val.
Prohibido mirar más de lo habitual los puestos con brillo rojo de la clasificación: pueden deslumbrar y causar daños en la retina.
Antonio Campuzano



























